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La Patria Boba

La Patria Boba

Por: Luis Arturo Ramírez Roa – Asesor y Consultor en Asuntos Constitucionales y Administrativos

Hoy los Llanos Orientales, cuna de la libertad y ruta de la independencia, sufren una paradoja propia de la tiranía, el olvido y la falta de gobernanza. El país está ad portas de celebrar el Bicentenario de su Independencia; pero llegado este onomástico de 200 años, no ha cesado la horrible noche; dado que, nuestra hermosa, linda y envidiada llanura no dispone de una carretera apropiada y segura que una las dos mitades de su territorio, o como en otrora y hoy se sigue manteniendo: que somos las dos Colombias. Mientras el Gobierno se llena de epítetos falsos, se llena de motivos emocionales con discursos engañosos y mentirosos a la conmemoración; nosotros, la comunidad del oriente colombiano,
pasa y regresa a su historia de hace 200 años de un territorio aislado, olvidado y saqueado por la republicana incapacidad de las autoridades para garantizar una conectividad fluida entre Bogotá-Villavicencio, y en general con el oriente colombiano, que es la gran despensa agrícola, el mayor potencial turístico de Colombia y quien le brinda a la Nación sus recursos naturales no renovables a cambio de olvido y desolación.
El nuevo cierre anunciado de tres meses de la vía al Llano prolonga su intermitente operación de los últimos años, e incrementa el drama que padecen las comunidades y los sectores económicos de la región, sacudidos por millonarias pérdidas y por la consecuente ruptura en la cadena de valor, con los consiguientes efectos laborales, inflacionarios y de abastecimiento, que extienden su impacto a los mercados consumidores del centro del país. La crisis generará daños y pérdidas irreparables para todos los sectores, gremios y sociedad en general.
La situación ha comprometido el cierre temporal o definitivo de centenares de establecimientos del sector, entre ellos balnearios y fincas turísticas, y ha provocado una caída drástica en las reservas hoteleras, cercana al 95%. Las pérdidas diarias se acercan a los $1.000 millones, que obviamente tienden a crecer, y la pérdida de puestos de empleo se mantiene en alza.
Han pasado 200 años de historia republicana y las vías al Llano como la Vía Bogotá-Villavicencio, de un tramo de solo 123 kilómetros; la Vía Sogamoso-Aguazul, de un tramo de 120 Kilómetros y la vía Sisga- Monterrey, de un tramo de 158 Kilómetros, siguen siendo un símbolo de la corrupción, de promesas politiqueras, del subdesarrollo, la ineficiencia y la ineptitud, y una decepción más de la ingeniería colombiana.
Quizá son las vías donde nos han multiplicado, el Estado, de manera astronómica, los costos de inversión, sin justificar resultados en materia de competitividad para el país y para nuestra región llanera.
Los gobiernos son los principales responsables de esta situación, no solo por la improvisación en el trazado y diseño de la vías, construidas en una compleja zona de la cordillera con fallas geológicas, en la que se registra más de un centenar de puntos críticos, sino por las características de los contratos firmados a las concesionarias, a las que generosamente se le exime de la responsabilidad de solucionar los deslizamientos en los sitios inestables, como una muestra más de la entrega de nuestra soberanía a los grandes capitales.
Dentro de este compromiso de socializar pérdidas y privatizar utilidades, los concesionarios se limitan a cobrar los peajes más costosos en las carreteras colombianas, a reparar el adoquín y a sellar las grietas, mientras el Gobierno debe responder por la adecuada estructuración del corredor vial, sin que ejecute procedimientos de fondo que permitan superar los problemas de inestabilidad.
La más reciente medida gubernamental fue la aprobación de una partida de $120.000 millones para construir túneles falsos, apenas disponibles dentro de 18 meses y que solo mitigarán la frecuencia de los cierres en la Vía Bogotá-Villavicencio. Una solución definitiva a la movilidad de la zona deberá incluir un trabajo paralelo en las tres vías, cuyas condiciones son lamentables, y a las que ni la Nación ni los departamentos encargados les han prestado la mínima atención.
Es incomprensible que en un país en el que los últimos gobiernos nos han metido el cuento falso de las revoluciones industriales, digitales, economía naranja y de vías 4G y 5G, una de las carreteras más estratégicas, la que une el centro del país con los Llanos Orientales sea un fracaso como instrumento para el desarrollo nacional, y una pesada carga de costos y pérdidas para todos los colombianos, pero de
manera especial y directa para la Región Llano que debe pagar los platos rotos junto a sus nobles y sometidas comunidades. Unas carreteras muchas de las veces intransitables y peligrosas cada vez que llueve, construidas en zonas de constantes lluvias y sin el compromiso de Estado e Ingeniería necesaria.
Las vías a nuestro hermoso e histórico Llano parecen ser una misión imposible para conectar al país y abrirle las puertas a nuestros departamentos, que no solo son la despensa agrícola, ganadera y turística; sino que también se le califica como el gran depósito de petróleo, y que puede surtir sin problemas a toda
la Nación.
De nuestro potencial hidrocarburífero se comenzó a hablar en la década de 1930, pero solo hasta los primeros años de 1950, la entonces Texas Petroleum Company (Texaco) inició actividades exploratorias y perforó el pozo Guavio 1, en el piedemonte llanero, que resultó una escasa producción de aceite. Sin
embargo, el boom de la operación petrolera en esta parte del país fue en la década de 1980, con el descubrimiento de los pozos Caño Limón (Arauca), y Cupiagua y Cusiana (Casanare).
Nuestras reservas de Cusiana y Cupiagua (las más grandes de Colombia según registros del Ministerio de Minas y Energía) convirtieron al departamento de Casanare en el principal productor de crudo del país, con una cuota de producción nacional del 50%.
En la actualidad, Arauca y Casanare, además de ser responsables del 24,5% de la producción nacional de petróleo, concentran un gran porcentaje del total de bloques exploratorios del país.
Registros de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) indican que de los 694.099 barriles de crudo diarios que se extraen en promedio en la cuenca de los Llanos (73% del total nacional), casi 232.000 provienen de los campos en producción de Casanare y Arauca, a manos de poco más de 15 empresas que operan en la región.
Por ahora sigamos en nuestra realidad de miseria y olvido, mientras nuestros gobernantes preparan con bombos y platillos la conmemoración del Bicentenario. Llaneros de Colombia, nuestros corredores viales
siguen siendo tan olvidados, riesgosos y complicados como aquella vieja trocha paralela que hace 200 años recorrieron a pie las triunfantes tropas libertadoras, sin imaginarse que por la incapacidad de los gobernantes para solucionar los elementales problemas nacionales, nos convertiríamos en una eterna
Patria Boba. Un llamado a los Gobiernos Regionales, Locales, a los congresistas, Diputados y Concejales de la Región Llanera a que en una sola voz defiendan ante el Gobierno Central nuestra dignidad, progreso y desarrollo que merecemos, y dejemos ya ese estado de mendicidad y olvido en que nos tienen.

 

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