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Una trampa llamada vía

Una trampa llamada vía

Editorial Periódico Dinámica Regional Mayo 2019 Contacto:  313 335 09 57

Lo que hoy tenemos los llaneros como vía Bogotá- Villavicencio, no es otra cosa que una trocha…

Lo que hoy tenemos los llaneros como vía Bogotá- Villavicencio, no es otra cosa que una trocha…una trampa, un peligro, un corredor que genera desconfianza, pánico, zozobra, incertidumbre, muerte de
personas por derrumbes y por accidentes laborales en las obras de doble calzada que la concesionaria
adelanta, además de las pérdidas que le genera a la economía regional, que pueden ser superiores a
$50.000 millones por cada día de cierre por deslizamientos y taponamientos.

Los usuarios de este “camino de herraduras”, porque en eso está convertida, pagan los peajes más
costosos y nadie les responde a los gremios de la producción regionales por las millonarias pérdidas que
sufren cada vez que es cerrada; algo muy repetitivo de unos pocos años hacia acá, ya es un círculo vicioso, algo cíclico. Eso sí, los únicos que siempre permanecen abiertos son los peajes. “A Llano cuando era Llano”, dice un poema llanero y hoy podemos afirmar “a vía cuando era vía”, porque es innegable que era mucho mejor, hasta cuando empezó la ejecución de las obras de doble calzada.
En zonas petroleras los finqueros con fotos en la mano dicen “esta era mi finca hasta cuando se comenzó
a aplicar la sísmica” y esas fotos de antes de la sísmica mostraban hermosos caños de aguas cristalinas,
las de ahora enseñan unos corredores de piedras por donde alguna vez pasaron esos caños, porque esa
actividad ocasionó el hundimiento o desaparición de tales corrientes de agua.
Igual sucede con la vía al Llano, donde los moradores de toda la vida a lo largo de la misma aseguran
que tanta dinamita que le han aplicado y perforaciones para muchos túneles han removido la montaña,
de ahí los frecuentes derrumbes y cierres.
Hasta razón podrán tener como sucede con la sísmica en la industria petrolera, pero siempre prevalecerán los profesionales que laboran para estas empresas, al negar que eso sea cierto.
¿De quién es la culpa?, hasta se ha dicho que los culpables pueden ser los campesinos porque deforestan o de algunos galpones de la parte alta de la montaña o de las vacas de la señora pepita. Ahora falta que también le echen la culpa a los que venden las arepas, los envueltos, la exquisita gallina sudada, la rica morcilla y demás productos comestibles que se expenden en locales a bordo de la vía.
El impacto negativo por los cierres de la vía es muy fuerte para la economía regional y lo peor es que no hay quien nos defienda, quien suene o truene. Por eso, se escucha en los corrillos locales cómo se añora
a la vieja clase política del Meta, esos políticos que sesionaban en el Congreso de la República de martes
a jueves en la tarde y en la noche en sus directorios atendían comunidades y los fines de semana recorrían los municipios del departamento; porque a los de ahora, no se les ve ni en las curvas.
La dirigencia gremial ha perdido peso específico, a lo mejor, porque una parte de ella se ha dejado permear por la contratación oficial. Ya sus pronunciamientos o posiciones no valen nada, pues no producen ningún efecto positivo.
Por ahora, la vía Bogotá-Villavicencio seguirá ocupando un buen espacio en los problemas cotidianos de los llaneros y ojalá que Dios no permita que se repita la historia de la tragedia de Quebradablanca, el 28 de junio de 1974, en la que muchas personas perdieron la vida, tantas que jamás se supo cuántas.

Foto: Texto Fresco